La cultura hoy se mueve a un ritmo que roza lo absurdo. Una tendencia puede nacer en un baño de aeropuerto y conquistar al planeta antes de que un brand manager termine de redactar un correo. Un meme puede destruir una narrativa o construir una. Una polémica puede elevar o hundir a una marca en cuestión de minutos. Y en medio de ese torbellino acelerado, las agencias siguen operando con tiempos de otra época: juntas semanales, ajustes eternos, entregas fragmentadas. Por eso n